27 de mayo de 2026
Preservar las tradiciones y la sanidad animal en Colombia
Bogotá, 27 de mayo de 2026. Los veterinarios en Colombia recorren largas distancias en barco a lo largo del río Amazonas para llegar a comunidades indígenas. Allí, capacitan a las personas en prácticas de manejo animal, medidas básicas de bioseguridad y el reconocimiento y la notificación de síntomas de enfermedades a las autoridades. La experiencia de Colombia demuestra que capacitar a los miembros de la comunidad como parte de un sistema de alerta temprana puede ampliar el alcance de los servicios de sanidad animal incluso en las zonas más remotas mediante modelos de fuerza laboral comunitarios y de bajo costo. Las comunidades indígenas en Colombia, en el departamento de Amazonas, han organizado sus sistemas productivos en torno al concepto de la chagra desde hace siglos.
Técnicamente, una chagra es un área de policultivos en la que se producen de manera integrada alimentos básicos como el plátano, la yuca, las frutas, las plantas medicinales y las hierbas aromáticas. En este mismo espacio también se desarrolla la producción animal, que incluye aves de traspatio, cría de cerdos a pequeña escala y estanques para la producción de peces. Más allá de su función productiva, la chagra tiene un importante valor cultural, estrechamente vinculado a la preservación del patrimonio comunitario y de los conocimientos tradicionales. Mientras que los hombres suelen dedicarse a la caza y a otras actividades productivas externas, las mujeres son generalmente responsables del trabajo de la chagra. Ellas recolectan, cultivan, cosechan y preparan los alimentos, transmitiendo así técnicas, conocimientos ecológicos y prácticas culturales de generación en generación.
La vigilancia del estado sanitario de los animales y cultivos dentro de la chagra es una prioridad para el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la autoridad nacional responsable de la sanidad vegetal y animal en Colombia. Actualmente, dos veterinarios y tres técnicos apoyan el programa de extensión en sanidad animal y vegetal en el departamento del Amazonas, un territorio de 110.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de Bulgaria o Guatemala. Para hacer frente a los importantes desafíos logísticos que plantea este territorio extenso y remoto, los veterinarios del ICA han capacitado a 26 personas del departamento, de distintas chagras, para reconocer los signos clínicos de las enfermedades animales más comunes. Estos miembros capacitados de la comunidad, conocidos como sensores, realizan tareas similares a las de los agentes comunitarios de sanidad animal en otras partes del mundo, especialmente en lo que respecta a los sistemas de alerta temprana y detección de enfermedades.
Su labor fortalece la capacidad local de vigilancia, lo que permite una notificación y respuesta más rápidas ante posibles amenazas sanitarias en territorios indígenas.
Además, dado que el río Amazonas está afectado por la contaminación con mercurio, varias especies de peces ya no son aptas para el consumo. Por ello, también apoyamos el desarrollo de sistemas de producción de peces más seguros, permitiendo a las comunidades criar sus propios peces en estanques bajo mejores condiciones sanitarias».
Como ilustra el ejemplo de la producción de peces, producir alimentos en la selva amazónica dista mucho de ser sencillo. Aunque muchas comunidades podrían beneficiarse de la introducción de nuevas técnicas y razas mejoradas de aves de corral en sus chagras, esto también implica importantes desafíos. Jairo Eusebio Cachique Hernández, uno de los dos veterinarios del ICA que visita regularmente las comunidades indígenas para labores de capacitación y vigilancia, suele referirse al caso de las gallinas ponedoras. Estas aves suelen ser transportadas en barco hasta lo profundo de la selva y, una vez allí, deben adaptarse rápidamente a condiciones ambientales y sanitarias completamente nuevas.
«Observamos que estas razas especializadas presentaban numerosos problemas respiratorios», explica el señor Cachique Hernández. «Aunque realizamos de forma rutinaria pruebas de influenza aviar y enfermedad de Newcastle en las chagras, nunca hemos detectado ninguna de ellas. Sin embargo, las gallinas no estaban protegidas por la noche y quedaban directamente expuestas a los cambios atmosféricos de la selva, donde las temperaturas pueden descender bruscamente de 40 °C a 19 °C en pocas horas, en ciertas épocas del año. Estas fluctuaciones generan un estrés considerable en los animales, sin mencionar su exposición a aves silvestres y a los virus que estas portan de manera natural. Una vez que trabajamos con la comunidad para construir refugios sencillos, la situación mejoró. La aplicación de medidas básicas de bioseguridad, como la limpieza y desinfección rutinarias, también marcó una diferencia significativa ».
Lo que hacen los veterinarios del ICA en Amazonas va más allá de la introducción de nuevas prácticas o de la sensibilización sobre la sanidad animal en las chagras. Los 26 sensores capacitados en el departamento forman parte de una red nacional de más de 5.000 personas en toda Colombia que fortalecen el sistema de alerta temprana basado en la participación comunitaria. Su función es notificar al ICA sobre signos clínicos compatibles con enfermedades de control oficial u objeto de vigilancia, reforzando así la capacidad de vigilancia en zonas remotas del país. Esta colaboración, que aún requiere inversiones y recursos sostenidos, tiene el potencial de proteger la sanidad de los animales de los que dependen las comunidades indígenas, así como de todo el sector pecuario colombiano.
«Trabajar con las comunidades indígenas requiere respeto mutuo e intercambio de conocimientos. Desde el ICA aportamos información y acompañamiento, pero también aprendemos de ellos. No siempre es fácil, pero han sobrevivido durante siglos en entornos extremadamente complejos. Es un intercambio de saberes, cultura y técnicas », puntualiza Yenny Soledad Infante Rivera, gerente seccional del ICA Amazonas.