Las brasicáceas, comúnmente conocidas como crucíferas, agrupan hortalizas de gran relevancia para las zonas de clima frío en Colombia, como el repollo (B. oleracea var. capitata), el brócoli (B. oleracea var. italica) y la coliflor (B. oleracea var. botrytis). Estos cultivos son fundamentales para la diversificación de ingresos de los pequeños productores andinos y representan una fuente importante de vitaminas y minerales en la dieta nacional. Su adaptabilidad a las condiciones de alta montaña las convierte en una opción productiva clave en regiones donde otros cultivos no prosperan, jugando un papel vital en la economía rural de la sabana cundiboyacense y el altiplano nariñense (Corpoica, 2017). Se estima que el área total sembrada con las principales brasicáceas (repollo, brócoli y coliflor) es de aproximadamente 11,500 hectáreas (DANE, 2023).
 
La sostenibilidad de estos cultivos se ve amenazada por problemas fitosanitarios de difícil manejo. La hernia de las crucíferas (Plasmodiophora brassicae) es una enfermedad causada por un protozoo que ataca las raíces. Actualmente, ésta es la enfermedad más limitante en el sistema productivo y puede inutilizar los suelos para la siembra por varios años. En cuanto a artrópodos, la palomilla dorso de diamante (Plutella xylostella) es el insecto de mayor impacto económico a nivel mundial y ha desarrollado resistencia a múltiples insecticidas, lo que obliga a los agricultores a buscar estrategias de manejo integrado. La mariposa blanca de la col (Pieris brassicae) también causa defoliaciones severas que merman la calidad y el rendimiento (AGROSAVIA, 2022).