Había una vez un niño llamado Carlitos a quien le encantaban los animales, tanto que un día le pidió a sus papitos que le compraran una mascota, pero les advirtió que no quería un perro o un gato, pues vivían en un apartamento pequeño en la ciudad de Madrid (España) y no quería que su nuevo amiguito fuera a sufrir por culpa de un espacio tan reducido.